La Galería Bond Street, fundada en los años 60 en el corazón de Barrio Norte, en la zona comercial más exclusiva de Buenos Aires, sirvió, en el auge del consumo, a la alta sociedad argentina como referencia obligada de las últimas tendencias de la moda. Después no todo fue igual. Diferentes gobiernos y catástrofes políticas arrastraron la economía a su decadencia, y el consumo, y sus referentes, se fueron resignando, y la Galería perdió aquel esplendor dejando los locales abandonados.

A partir de 1983, con el regreso de la democracia, la euforia creativa de las nuevas generaciones, ávidas de libertad, fueron ocupando lugares de la ciudad como poblando las ruinas de una guerra.

La Galería Bond Street se fue poblando de jóvenes diseñadores que pintaban sus propias remeras, las tablas de skate, diseñaban ropa y eran testimonio y protagonistas del renacer cultural de Buenos Aires.

A principios de la década del 90, el arquitecto Joaquín Amat asociado con Jorge Pistocchi, productor y director de radio y revistas de rock, eligieron la Bond Street para una revolución en el consumo y alquilaron muchos locales para un proyecto alternativo auspiciando emprendimientos independientes, exposiciones de arte, producciones documentales y un testimonio irrepetible de energía creativa.
La Bond Street ya era una marca.

Hoy lo sigue siendo, reuniendo las últimas tendencias de consumo y los experimentos de audaces diseñadores. Un lugar obligado para cualquier joven que entiende que la Bond Street es la cita obligada para palpar las últimas tendencias de la moda, encontrarse con los mejores tatuadores y absorber el momento.
La Bond Street no se parece a la de 1960, pero tampoco a la del 1990, y la de mañana no se parecerá a la de hoy, pero siempre será la Bond Street.